El ominoso fraude electoral se realizó cuando Manuel Bartlett, secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid ejecutó la caída del sistema
Me costó trabajo y tiempo asimilar la frustración que, en lugar de que Cuauhtémoc Cárdenas llegará a la Presidencia, lo hiciera Carlos Salinas de Gortari. El ominoso fraude electoral se realizó cuando Manuel Bartlett, secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid y presidente de la Comisión Electoral, ejecutó lo que se ha llamado “la caída del sistema”.
Lee Piden juicio político contra Félix Salgado MacedonioNo fue poco el pago que recibió, Salinas lo nombró secretario de Educación Pública y lo empujó en Puebla hasta hacerlo gobernador de ese estado. Además, la secular administración priista logró que se hicieran de lado las acusaciones en su contra de dos asesinatos que en su momento fueron escandalosos: el del Kiki Camarena, agente encubierto de la DEA, y el del periodista Manuel Buendía Téllez Girón. Los dos tuvieron como foco de atención al entonces secretario de Gobernación. El 7 de febrero de 1985, al dirigirse a su casa, Kiki Camarena Salazar fue secuestrado por cinco individuos y, durante dos días, torturado con la presencia de un médico para extender sus dolores hasta la muerte.
El agente de la DEA había descubierto una red de narcotraficantes encabezados por Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo. Los lazos llegaban a diversos funcionarios y se unían estrechamente en la Secretaría de Gobernación.
Las fuentes consultadas de la época así lo atestiguan.
El segundo escándalo de un asesinato estuvo todavía más cerca de Manuel Bartlett. El 30 de mayo de 1984, el periodista Manuel Buendía Téllez Girón, creador de la columna Red Privada, publicada en Excélsior, estaba a punto de publicar notas sobre los vínculos del narcotráfico con altas autoridades federales, cuando, al salir de su oficina, un asesino le disparó cinco balas en la espalda y, para escapar, subió a una motocicleta conducida por un agente de la Dirección Federal de Seguridad de nombre Juan Rafael Moro Dávila. El jefe de estos matones era nada menos que José Antonio Zorrilla, director general de la DFS, quien estaba bajo las órdenes del señor secretario Manuel Bartlett.
Las fuentes de la época dieron minuciosa cuenta de los hechos. Motivo de preocupación y de indignación siempre ha sido el abuso de menores y de mujeres que, desde tiempo atrás, se ha dado en nuestro suelo. La impunidad con la que se mueven los violadores es algo común que no llama mucho la atención de las autoridades ni de los legisladores ni de los jueces. “Váyase a su casa y no diga nada, pues Salgado Macedonio es un hombre muy poderoso”, así le dijo un agente del Ministerio Público a la joven de 17 años, Basilia Castañeda, hace cuatro lustros. Ella ha vivido todo ese tiempo con amargura y temor. Con el hiriente recuerdo, sólo recientemente ha vencido el miedo, la vergüenza y cobrado fuerza para denunciar a Félix Salgado Macedonio de abuso y violación.
Señala con explicable preocupación que, si ese individuo llega a ser gobernador, la acosará y hasta le atemoriza perder la vida. Y el suyo no ha sido un caso único, diversas asociaciones femeniles y personajes como Patricia Olamendi indican que este fulano, en diversos tiempos, al menos ha ultrajado a seis mujeres.
A Salgado Macedonio lo he visto en un par de ocasiones en noticieros televisivos golpeándose, ebrio, contra la policía, levantarse del suelo chorreando sangre e insultando a camarógrafos.
Las fuentes de nuestro tiempo damos cuenta de su delictiva y grotesca conducta, ajena a lo que pudiéramos esperar de un gobernador.
Columna Otros Ángulos de Raúl Cremoux
Fotografía Especial
clh
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