La escasez de agua afecta la alimentación, energía y salud, y exige soluciones tecnológicas y cooperación internacional

El mundo enfrenta una crisis silenciosa pero creciente: la humanidad está usando más agua dulce de la que la naturaleza puede regenerar, advirtió un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU). Según los expertos, ya no se trata de una emergencia temporal, sino de un desequilibrio estructural que podría tener consecuencias duraderas para la agricultura, la energía y la vida cotidiana.
“Estamos viviendo por encima de nuestros ingresos hídricos”, explicó el informe, que acuña el concepto de “bancarrota hídrica global” para describir la situación. De manera similar a una crisis financiera, la humanidad está gastando un recurso vital más rápido de lo que puede reponerse, agotando ríos, lagos y acuíferos, y dañando ecosistemas clave como humedales, glaciares y suelos que regulan el ciclo del agua.
Aunque existen herramientas tecnológicas avanzadas, como observación satelital, modelado climático y análisis de datos, la adopción de estas soluciones ha sido desigual en el mundo. Muchas infraestructuras hidráulicas, diseñadas bajo supuestos climáticos antiguos, enfrentan ahora sequías más intensas, lluvias irregulares y fenómenos extremos, lo que reduce la eficiencia de presas, sistemas de riego y redes de distribución, además de encarecer su operación y mantenimiento.
Los científicos advierten que la recuperación completa de estos sistemas no siempre será posible, incluso si se reduce el consumo, debido al daño acumulado y al impacto del cambio climático.
La bancarrota hídrica no es solo un problema ambiental, sino que afecta directamente a la sociedad y la economía:
Seguridad alimentaria: cerca del 70% del agua dulce se destina a la agricultura, por lo que su escasez amenaza la producción de alimentos y eleva los precios.
Energía y tecnología: plantas termoeléctricas, hidroeléctricas y centros de datos dependen de grandes volúmenes de agua para su funcionamiento.
Salud pública: la escasez y contaminación del agua incrementan el riesgo de enfermedades y limitan el acceso a servicios básicos.
Al mismo tiempo, la crisis obliga a acelerar la innovación tecnológica, como la reutilización de aguas residuales, la desalinización, la agricultura de precisión y los sistemas inteligentes de gestión del agua, aunque estas soluciones enfrentan altos costos y barreras de implementación en muchos países.
El informe de la ONU destaca que ya no basta con aplicar soluciones de emergencia. La adaptación permanente a un mundo con menos agua disponible es ahora una necesidad. Para ello, la cooperación internacional, la ciencia de datos y la tecnología serán herramientas esenciales.
Los expertos concluyen que el agua dulce se convertirá en uno de los ejes principales de la ciencia, la política y la economía del siglo XXI. Reconocer la bancarrota hídrica no es alarmismo, sino el primer paso para rediseñar cómo producimos, consumimos y gestionamos este recurso vital.
¿Quieres conocer más detalles sobre lo que sucede en Puebla? Sigue explorando nuestro portal para obtener más noticias hoy.
foto ilustrativa
xmh
municipiospuebla.mx es un periódico digital de Desarrollo Periodístico Digital S.A. de C.V.
Nuestras oficinas se ubican en Calle 16 sur 2536, Col. Bella Vista, C.P. 72500, Ciudad de Puebla 2223264633 y 2221400098