Un reporte de National Geographic explica cómo los algoritmos de las redes sociales mantienen activa la búsqueda constante de recompensas en el cerebro.

Ciudad de México.— El hábito de hacer “scroll” de forma continua en plataformas como Instagram, TikTok y Facebook se ha convertido en una práctica cotidiana para millones de personas. Sin embargo, especialistas advierten que esta conducta podría estar relacionada con cambios en la forma en que el cerebro procesa la atención, el autocontrol y las recompensas.
De acuerdo con un reporte publicado por National Geographic, el desplazamiento constante de contenido en las redes sociales no solo modifica los hábitos digitales de los usuarios, sino que también puede influir en la arquitectura cerebral al reconfigurar las vías neuronales vinculadas con la atención sostenida y el control voluntario.
El análisis fue difundido un día después del inicio de un juicio federal en Oakland, California, donde diversas fiscalías de Estados Unidos acusaron a Meta de diseñar sus plataformas para mantener a los usuarios conectados durante el mayor tiempo posible, especialmente a menores de edad. Según la fiscal general adjunta de California, Megan O'Neill, el modelo consiste en captar la atención de los usuarios, prolongar su permanencia en las plataformas, recopilar información sobre su comportamiento y ocultar el funcionamiento de estos mecanismos.
El reporte explica que los algoritmos de las redes sociales funcionan mediante un sistema de recompensas impredecibles. Cada vez que una persona desliza la pantalla, desconoce si el siguiente contenido le provocará sorpresa, diversión o emoción. Esa incertidumbre mantiene activas las vías relacionadas con la dopamina, neurotransmisor asociado con la motivación y la expectativa de recibir una recompensa, lo que incentiva a continuar consumiendo contenido de forma casi automática.
A diferencia de actividades como los videojuegos, que requieren una participación activa, el consumo continuo de videos cortos favorece un estado más pasivo en el que el control consciente sobre el tiempo de uso comienza a disminuir. Los especialistas también recurren a la Teoría de la Carga Cognitiva, la cual sostiene que la memoria de trabajo posee una capacidad limitada para procesar información.
El consumo ininterrumpido de videos obliga al cerebro a realizar cambios constantes entre contenidos con emociones y temáticas completamente distintas, incrementando el esfuerzo mental y dificultando el procesamiento de la información. Como consecuencia, el usuario puede experimentar fatiga mental, problemas de concentración y una sensación de niebla cognitiva, derivada de la sobrecarga de estímulos.
El fenómeno conocido como brain rot o deterioro mental también fue analizado por investigadores de la Universidad de Karabük, en Turquía, quienes estudiaron a jóvenes que utilizan redes sociales durante más de cinco horas al día. Los resultados indican que este comportamiento no provoca directamente depresión, pero sí puede convertirse en el inicio de una cadena de efectos psicológicos que incrementan ese riesgo.
Los investigadores describen tres etapas principales: fatiga cognitiva extrema, caracterizada por el agotamiento de la energía mental; un incremento de los niveles de estrés y ansiedad; y finalmente un apagado defensivo, mecanismo mediante el cual el cerebro reduce su actividad para conservar recursos, favoreciendo la aparición de síntomas depresivos.
Como medidas preventivas, los especialistas recomiendan aprender a identificar y regular las emociones, desarrollar estrategias para tolerar el aburrimiento y la frustración sin recurrir constantemente al teléfono móvil, así como establecer límites en el tiempo dedicado a las redes sociales.
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