Estudios recientes sugieren que reducir temporalmente el uso de redes sociales y teléfonos inteligentes puede favorecer el bienestar, el sueño y la concentración.

Ciudad de México.— Reducir temporalmente el uso de redes sociales y del teléfono celular puede convertirse en una alternativa para identificar hábitos digitales, recuperar tiempo para otras actividades y evaluar qué tan dependiente se ha vuelto una persona de la conexión permanente. Investigaciones recientes sugieren que disminuir el tiempo frente a las pantallas puede generar mejoras en algunos indicadores de bienestar, sueño, concentración y estrés, aunque los especialistas advierten que los resultados no son iguales para todos.
En México, el uso de dispositivos digitales forma parte de la vida cotidiana de una amplia mayoría de la población. Durante 2025, 86.1 por ciento de las personas de seis años o más utilizó internet, equivalente a unos 104.9 millones de habitantes, mientras que 84.6 por ciento empleó teléfono celular, de acuerdo con información del Inegi.
Ante este escenario ha cobrado fuerza el llamado “detox digital” o descanso de redes sociales, una práctica que consiste en reducir o suspender temporalmente el acceso a determinadas plataformas con el propósito de observar cómo cambia la rutina diaria cuando desaparecen las notificaciones, publicaciones y revisiones constantes del teléfono.
Un estudio publicado en PNAS Nexus analizó qué ocurrió cuando participantes permanecieron durante dos semanas sin internet móvil en sus teléfonos, aunque conservaron las llamadas y mensajes de texto. Los investigadores detectaron mejoras en bienestar subjetivo, salud mental y capacidad de atención, y observaron que muchas personas dedicaron más tiempo a actividades como convivir cara a cara, hacer ejercicio y permanecer en espacios naturales.
Otra investigación, publicada en BMC Medicine, pidió a estudiantes limitar el uso total de sus smartphones a dos horas diarias durante tres semanas. Al finalizar el periodo se registraron mejoras pequeñas o moderadas en aspectos como estrés, síntomas depresivos, calidad del sueño y bienestar. Sin embargo, una vez concluida la intervención, el tiempo de uso comenzó a incrementarse nuevamente.
Resultados similares aparecieron en un estudio difundido por JAMA Network Open, en el que jóvenes de entre 18 y 24 años redujeron durante una semana el tiempo dedicado a redes sociales. Los participantes pasaron de utilizar estas plataformas cerca de 1.9 horas al día a aproximadamente 30 minutos y posteriormente reportaron disminuciones en síntomas relacionados con ansiedad, depresión e insomnio. Los propios investigadores señalaron, sin embargo, que el diseño del estudio no permite afirmar que la reducción de redes haya sido la única causa de esos cambios.
Los resultados científicos también apuntan a que el problema no depende exclusivamente de cuántos minutos permanece una persona frente a la pantalla. Factores como la comparación constante con otros usuarios, la necesidad de revisar repetidamente las aplicaciones o la dependencia emocional de las interacciones digitales pueden tener una relación más importante con el malestar.
Para quienes buscan conocer mejor sus propios hábitos, un experimento de 48 horas sin redes sociales puede funcionar como un primer acercamiento. La idea no consiste necesariamente en abandonar internet por completo, sino en conservar llamadas y mensajería, desactivar notificaciones no indispensables y suspender temporalmente aplicaciones como Instagram, TikTok, Facebook o X.
Durante ese periodo, el tiempo que normalmente se destina a revisar plataformas puede sustituirse por actividades fuera de pantalla, como caminar, leer, cocinar, convivir con familiares o amigos o simplemente realizar tareas sin tener el teléfono como compañía constante. También puede resultar útil evitar el dispositivo durante la primera hora después de despertar y la última antes de dormir.
Antes de comenzar el reto se puede consultar el registro de tiempo en pantalla o bienestar digital disponible en los smartphones. Al finalizar las 48 horas, comparar los datos permite conocer cuánto disminuyó realmente el uso y observar posibles cambios en la concentración, el descanso o la necesidad de revisar constantemente el dispositivo.
Aunque dos días son insuficientes para garantizar beneficios médicos o psicológicos —los principales estudios disponibles han utilizado periodos de una a tres semanas—, el ejercicio puede servir para descubrir qué aplicaciones se utilizan por necesidad y cuáles se abren casi automáticamente.
Más que eliminar por completo las redes sociales, la evidencia disponible plantea la importancia de desarrollar una relación más consciente con la tecnología. Un breve periodo de desconexión puede convertirse así en una oportunidad para recuperar el control sobre cuándo, cuánto y para qué se utiliza el celular.
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Foto: Especial
djs
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