Un estudio publicado en npj Climate Action advierte que el uso de inteligencia artificial en la industria de petróleo y gas podría generar un impacto climático mucho mayor al asociado directamente con los centros de datos.

Estados Unidos.- El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) podría tener consecuencias ambientales mucho mayores de las que se atribuyen únicamente al consumo energético de los centros de datos, debido al uso de esta tecnología para aumentar la productividad y explotación de petróleo y gas, de acuerdo con una investigación publicada en la revista científica npj Climate Action.
El estudio plantea que buena parte del debate sobre la huella ambiental de la IA se ha concentrado en la electricidad utilizada por los centros de datos, su dependencia de combustibles fósiles y las posibilidades de optimizar sistemas de energías renovables. Sin embargo, los investigadores consideran que este análisis deja fuera un elemento relevante: la manera en que la tecnología modifica la economía y productividad del propio sector de combustibles fósiles.
Los autores, encabezados por los investigadores en sostenibilidad Will Alpine y Holly Alpine, señalan que compañías petroleras y gaseras están utilizando herramientas de inteligencia artificial para incrementar la eficiencia de sus operaciones, localizar nuevas oportunidades de extracción y elevar su producción.
La investigación diferencia entre las “emisiones habilitadas”, entendidas como la contaminación adicional que una tecnología permite generar al facilitar determinadas actividades, y las “emisiones evitadas”, relacionadas con las reducciones obtenidas mediante aplicaciones de IA en eficiencia energética y fuentes renovables.
Según los cálculos presentados, las emisiones adicionales relacionadas con el uso de inteligencia artificial dentro de la industria de combustibles fósiles podrían superar considerablemente los beneficios ambientales derivados de su aplicación en tecnologías limpias. El estudio estima que el auge de la IA podría propiciar entre tres y 13 veces más emisiones vinculadas a combustibles fósiles que las generadas directamente por los propios centros de datos.
Los investigadores advierten así que medir exclusivamente la electricidad utilizada por servidores y sistemas informáticos ofrece una visión incompleta de la huella climática de la inteligencia artificial, pues también debe considerarse para qué actividades se emplean sus modelos y herramientas.
El análisis también pone atención en los vínculos comerciales entre las grandes compañías tecnológicas y la industria energética, donde equipos especializados de ingenieros desarrollan herramientas dirigidas específicamente a empresas petroleras y gaseras para mejorar sus procesos y ampliar su capacidad productiva.
Este escenario se suma a las críticas que ya enfrenta la expansión de los centros de datos para inteligencia artificial, instalaciones que requieren grandes cantidades de energía y cuya infraestructura continúa aumentando conforme los modelos se vuelven más complejos y demandan mayores recursos computacionales.
Ante estas estimaciones, los autores consideran necesaria la implementación de mayores controles y salvaguardas que contemplen no únicamente las emisiones operativas de la IA, sino también el impacto climático de los sectores que utilizan la tecnología para incrementar su actividad económica.
La investigación plantea que conocer el verdadero impacto ambiental de la inteligencia artificial exige ampliar el análisis más allá de servidores, electricidad y centros de datos, e incorporar las emisiones adicionales que pueden generarse cuando esta tecnología es utilizada para acelerar la producción de petróleo, gas y otros combustibles fósiles.
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Foto: Ilustrativa
djs
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