Más que gritar contra García Harfuch, en Morena deberían preocuparse por encontrar a otra figura, de izquierda, con potencial: prepararla, darle responsabilidades y ayudarla a construir una presencia nacional

Chisme de la columna Templo Mayor, de Reforma: que la senadora morenista Malú Micher le gritó al senador verde Manuel Velasco que Omar García Harfuch jamás será candidato presidencial de Morena.
Voy a suponer que tal rumor corresponde a un hecho comprobado. ¿Por qué tanto odio de Micher contra García Harfuch? Quizá porque ella promueve, muy anticipadamente, la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard.
Se vale que Malú defienda a su favorito. Me pregunto si la mejor manera de hacerlo es con un rechazo tan escandaloso al líder en las encuestas.
Es verdad, García Harfuch no es un hombre absolutamente de izquierda. Es, sí, un funcionario formado en las instituciones de seguridad construidas por el PRI y el PAN, muy eficaz en su trabajo y extraordinariamente disciplinado.
Pero Ebrard tampoco es tan de izquierda. De hecho, con una trayectoria más pragmática que ideológica, es el más priista en Morena.
Ambos son los personajes mejor posicionados de la 4T rumbo al 2030. Con una diferencia: cada día aumenta la ventaja de García Harfuch, quien a diario se ve con más fuerza, mientras que Ebrard ya va muy rezagado y debilitado.
¿Hay una tercera opción en el entorno de la presidenta Claudia Sheinbaum? No aparece.
En la 4T hay gente de enorme calidad moral, sólida formación ideológica y reconocida eficacia administrativa. Pero la popularidad escasea. Además de García Harfuch, solo tiene reconocimiento entre la población una marca de la izquierda, no una persona.
Lo hemos medido en encuestas de MetricsMX. En mayo de 2025 publiqué en SDPNoticias un análisis sobre la extraordinaria fuerza de la marca Bienestar. En nuestro seguimiento de la opinión pública, Ariadna Montiel, entonces secretaria de Bienestar, obtuvo 25.8% de menciones favorables cuando preguntamos qué integrante del gabinete había desempeñado mejor su papel. Superó incluso a García Harfuch, que registró 20.1%.
Pero había un detalle fundamental: la identificábamos como “Ariadna Montiel, secretaria de Bienestar”. Sin el apellido “Bienestar” ella se derrumbaba. El gran prestigio lo tiene “Bienestar”, no la mujer —o el hombre— que coordine los programas sociales.
La marca “Bienestar” es el mayor éxito político y administrativo de la Cuarta Transformación: Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, Pensión Mujeres Bienestar, Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad, Producción para el Bienestar, Fertilizantes para el Bienestar, Becas Bienestar, etcétera.
Millones de familias reciben beneficios concretos de parte de “Bienestar”. Si hoy midiéramos a Leticia Ramírez, actual secretaria de Bienestar, identificándola con ese cargo, obtendría también una evaluación muy favorable.
Pero ni Ariadna ni Leticia Ramírez, por eficientes que sean en su trabajo, sin el apellido administrativo Bienestar, podrían competir en popularidad con García Harfuch y Ebrard.
Y no hay nadie más en el gabinete con posibilidades inmediatas de hacerlo. Sobra en el equipo de Sheinbaum gente de primera: Luz Elena González, secretaria de Energía; Rosa Icela Rodríguez, de Gobernación; David Kershenobich, de Salud, y más titulares de dependencias.
Pero una cosa es administrar bien y otra muy distinta convertirse en una figura nacional. En el gabinete —excepto García Harfuch y, en mucho menor medida, Ebrard— nadie brilla como figura popular. En el Poder Legislativo el panorama es todavía menos alentador. En el Judicial pienso que tiene una biografía interesante para hacerlo crecer el presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, pero tendría que trabajar en su imagen antes de que se le empezara a medir.
¿Y los gobernadores y gobernadoras? Abundan los desprestigios. Mara Lezama, de Quintana Roo, parecía una opción interesante, pero la hundieron las revelaciones de Reforma sobre sus numerosos viajes en aeronaves privadas a destinos caros de Estados Unidos.
Alfonso Durazo, de Sonora, quizá el más experimentado de la 4T, tendría que superar señalamientos relacionados con Estados Unidos que estoy seguro de que son injustos, pero que le afectan mientras no se aclaren.
Miguel Ángel Navarro, de Nayarit, a quien yo veía como el gobernador menos cuestionado, apareció ayer en una investigación periodística de Reforma sobre una presunta red de despojo de terrenos en las playas.
El hecho es que nadie en la 4T, ya ni Ebrard, aparece por ahora como una alternativa nacional de popularidad comparable a García Harfuch.
Manuel Velasco, del Partido Verde, tal vez no debería hacerle a Malú Micher la pregunta de por qué rechaza a García Harfuch, sino otra más seria: ¿Por qué, después de tantos años de éxitos electorales y de gobierno de la 4T, no ha surgido nadie más, ciento por ciento de izquierda, con semejante reconocimiento popular?
Hay algo que Micher debería considerar. Con su agresividad contra García Harfuch, lo empuja hacia una decisión que un hombre tan disciplinado no se ha planteado: dejar Morena para irse al Verde en 2030.
Es lo que desea la derecha. El pasado 6 de octubre, Carlos Loret de Mola lo expresó en El Universal con todas sus letras: que si los sectores más duros de Morena mantienen vetado al secretario de Seguridad, podría irse al Verde.
No creo que García Harfuch quiera recorrer ese camino. Es disciplinado, inteligente y sabe perfectamente que su ascenso lo debe totalmente a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Pero hasta la disciplina tiene límites. Si se le sigue atacando con tanta vulgaridad como la exhibida por Malú Micher, podría García Harfuch hacer sus maletas e irse a otra parte.
Micher debe conocer otra versión que circula en los mentideros: que Ebrard, después de dos intentos presidenciales frustrados, termine buscando una tercera oportunidad fuera de Morena, en Movimiento Ciudadano. Lo recibiría con gusto su amigo Dante Delgado, sobre todo si Luis Donaldo Colosio Riojas pierde fuerza como presidenciable en su aventura sonorense.
Lo que deberían hacer Micher y quienes se consideran guardianes de la pureza ideológica de Morena es algo bastante más útil que gritar contra García Harfuch: encontrar a una figura auténticamente de izquierda, prepararla, darle responsabilidades y ayudarla a construir una presencia nacional.
No vaya a ocurrirles lo que a Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray. Durante el último sexenio del PRI nadie se preocupó por construir una candidatura presidencial competitiva. Entonces, se improvisó con José Antonio Meade, un funcionario preparado y experimentado que resultó un desastre como candidato. Morena debería aprender de aquella experiencia.
Faltan cuatro años para la sucesión presidencial. Es muchísimo tiempo en política. Pueden —y deben— aparecer nuevas figuras; pueden desplomarse las actuales y cambiar las circunstancias. Pero…
Nadie más en Morena ha crecido ni tantito. La pregunta incómoda para quienes mandan en la 4T es: si no quieren a García Harfuch por su impureza ideológica, ¿a quién han preparado para superarlo?
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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
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