Estudio de la UNAM revela daño ambiental en ocho alcaldías de CDMX por urbanización y pérdida de suelo de conservación entre 2015 y 2023

El crecimiento de la mancha urbana en la Ciudad de México sigue avanzando sobre zonas que históricamente han funcionado como reguladores naturales del clima, del agua y de la biodiversidad. Un nuevo análisis académico advierte que este proceso ya está dejando consecuencias visibles en distintas alcaldías, donde el equilibrio ambiental se encuentra cada vez más comprometido.
El estudio fue elaborado por especialistas del Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través del Instituto de Geografía, y pone bajo la lupa lo ocurrido entre 2015 y 2023 en el llamado suelo de conservación, una de las principales reservas ecológicas de la capital.
La investigación, encabezada por la especialista Clemencia Santos Cerquera, documenta un cambio acelerado en el uso del suelo en varias zonas de la ciudad, impulsado principalmente por la expansión de viviendas, actividades agrícolas no reguladas y la apertura de caminos en áreas que antes estaban destinadas a la conservación.
De acuerdo con el análisis, este proceso ha derivado en la reducción de ecosistemas como bosques y humedales, lo que impacta directamente en la capacidad del territorio para infiltrar agua al subsuelo. Esto significa que, en lugar de absorberse, una mayor cantidad de lluvia termina escurriendo en la superficie, lo que incrementa riesgos de encharcamientos e inundaciones en temporada de lluvias.
Las alcaldías con mayor presión ambiental identificadas en el estudio son Tlalpan, Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac, Magdalena Contreras, Cuajimalpa, Álvaro Obregón e Iztapalapa, todas con presencia de zonas ecológicas que todavía cumplen funciones clave para la ciudad, pero que enfrentan una fragmentación progresiva.
Uno de los puntos más relevantes del informe es la disminución en la captura de carbono, un proceso natural fundamental para reducir los efectos del cambio climático. A esto se suman alteraciones en los flujos de agua y la aparición de especies invasoras que desplazan a la flora y fauna nativa, modificando los ecosistemas originales.
El crecimiento poblacional y la expansión urbana sin una planeación estricta aparecen como los principales motores de esta transformación. En muchas zonas, la conversión de áreas verdes en espacios habitacionales ha provocado también el aumento de temperaturas locales, fenómeno conocido como islas de calor, que afecta directamente la calidad de vida de la población.
En este contexto, la directora del Instituto de Geografía de la UNAM, María Teresa Sánchez Salazar, señaló la necesidad de reforzar los instrumentos de ordenamiento territorial en la capital, con base en información científica y criterios ambientales más estrictos. La especialista subrayó que el suelo de conservación debe ser considerado un eje central en la planeación urbana.
Foto ilustrativa
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