Familias de Santa Ana Teloxtoc y San Antonio Texcala convierten materiales naturales en piezas elaboradas a mano; el regateo y la falta de nuevos compradores complican la actividad

Tehuacán, Pue.- Entre las manos de artesanos de la región de Tehuacán, la palma y la fibra criolla dejan de ser simples materiales para convertirse en tenates, sombreros, petates, bolsas y accesorios que conservan técnicas transmitidas durante generaciones; sin embargo, mantener vigente esta actividad representa cada vez un mayor desafío ante el valor que se da a las piezas y las dificultades para ampliar sus mercados.
En Santa Ana Teloxtoc, Isabel Reyes Martínez aprendió desde niña a trabajar la palma, conocimiento que recibió de sus padres y abuelos y que actualmente continúa desarrollando como parte de una actividad que representa un ingreso para las familias de la comunidad. El proceso es completamente manual y permite elaborar desde artículos de uso cotidiano hasta piezas como collares, pulseras y aretes.
El tiempo necesario para producir cada artesanía depende de su tamaño, complejidad y de la experiencia de quien la elabora. Algunas piezas requieren entre dos y tres horas de trabajo, mientras que en una jornada pueden terminarse aproximadamente entre seis y 12 productos; cuando se trata de diseños más elaborados, la producción disminuye debido al mayor tiempo que demanda cada pieza.
En San Antonio Texcala, Ignacia Arismendi Garzón explicó que desde hace aproximadamente dos años comenzaron a trabajar con palma y fibra criolla, principalmente para la elaboración de bolsas. La preparación del material también forma parte del proceso artesanal, ya que durante las temporadas de calor puede endurecerse y perder la flexibilidad necesaria para el tejido, por lo que debe humedecerse y mantenerse envuelto en un trapo para facilitar su manipulación.
Una de las bolsas que elaboran tiene un precio aproximado de 90 pesos; no obstante, las artesanas enfrentan constantemente el regateo, por lo que en algunos casos terminan vendiendo las piezas hasta en alrededor de 70 pesos, pese a las horas de trabajo y preparación que requiere cada producto.
Para quienes mantienen esta actividad, el desafío no sólo consiste en vender más, sino en lograr que las nuevas generaciones conozcan y valoren el conocimiento que existe detrás de cada pieza. Las artesanías representan una fuente de ingresos, pero también conservan una parte de la identidad y las prácticas tradicionales de las comunidades.
Los productores hicieron un llamado a la población a adquirir directamente las piezas elaboradas por los artesanos y a conocer el proceso que existe detrás de cada producto. También consideraron necesario fortalecer la promoción mediante redes sociales y generar mayores espacios de comercialización que permitan que estas técnicas continúen pasando de una generación a otra.
Foto:: Yomara Pacheco
cdch
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